Entrevista Paula Mayo 2012


ENTRE DOS AMORES


La música clásica y el jazz cautivaron a este pianista, que trabajó duro para llegar a donde está. Por eso detesta los programas de televisión que crean artistas de la noche a la mañana. El defiende lo genuino y lo profundo.


Está de visita en la casa de su padre, en Punta Carretas. Fuera hay 10 grados de temperatura. Se sirve un café para espabilarse mientras confiesa su condición de noctámbulo. Lleva puesto un buzo, un jean, medias y ojotas. El calzado no es abrigado, pero lo hace sentir en casa. "Cuando pisé por primera vez Uruguay, a los siete años, tuve la sensación que te dan las chancletas: esa cosa relajada, cómoda, simple y sencilla': recuerda el músico nacido en la fría Suiza pero enamorado desde pequeño del cálido Uruguay de sus padres.


Siempre les agradecerá que hayan regresado a vivir a Montevideo cuando él tenía 12 años, a pesar de que el adiós a Ginebra haya tenido en su momento una cuota de dolor. Es que Rodrigo González Pahlen no se siente suizo. Tampoco recomienda "el espíritu de ese país como modo de sensibilidad, más allá de que pueda haber suizos maravillosos. Están constipados, aislados entre ellos y trancados emocionalmente': Lo suyo es el caos, el fútbol en la calle, la improvisación y las explosiones de afecto propias de este lado de América.


Aunque no se quedó aquí por mucho tiempo. Estados Unidos, Francia, Irlanda y actualmente España también son testigos del crecimiento personal y profesional forjado en estos 35 años de existencia. Las mudanzas han sido "un gran desgaste pero me han nutrido mucho',' admite el ahora habitante de Barcelona.


Su vida artística se debate entre dos amores: la música clásica y el jazz. Uno lo llevó a estrenar a los 26 años su primer concierto para piano, bandoneón y orquesta junto a la Filarmónica de Montevideo; y el otro lo hizo compartir grabaciones y escenarios con consagrados músicos como Naná Vasconcelos y Mino Cinelu, percusionistas de Miles Davis; Armand Sabal-Lecco, bajista de Sting; y Badal Roy, tablista de John McLaughlin; entre otros.


El público del Teatro Solís lo recibió el pasado mayo con los aplausos de siempre; de ahí que disfrute cada estadía en la capital como si fuera la primera vez.


No tiene claro cuánto aportó la genética y en qué medida influyeron las vivencias familiares. Lo cierto es que el nieto comparte la misma vocación que su abuelo y su bisabuelo, dos músicos que se ocuparon de dejar en alto al apellido Pahlen. Para tener una idea, el papá de su madre -Kurt Pahlen- fue director de la Orquesta de Zurich y del Teatro Colón de Buenos Aires. "Sin dudas mi abuelo fue una figura importante para mí':


-Lo mandaron a piano para continuar el legado familiar?


Empecé a estudiar por voluntad propia. De todas maneras mi primer instrumento fue la guitarra. Era como una historia de amor, sentía una gran atracción por la música y los sonidos. Siempre me atrajeron de una manera natural y violenta; pero no desde el lado negativo, sino como unas fuerzas que te visitan sin consultarte y te producen un alto nivel de absorción. Estaba sumergido en un encantamiento.


-A qué edad fue eso?


Desde que tengo recuerdo. En la casa de mi abuelo, que vivía en Zurich, tocaba una nota del piano y me gustaba dejarla sonar hasta que desapareciera. En un momento, el límite entre que había desaparecido y que seguía sonando se volvía difuso, al punto de no saber si imaginaba la nota o la seguía escuchando. Eso me parecía fascinante; y así transcurrían las horas.


-Y ahí finalmente surgió el amor por el piano.


No. Me pasó a los 15 años, un tiempo después de haberme instalado en Uruguay. Empecé a tener sueños reiterados en los cuales tocaba el piano. Eso me preocupó mucho, e incluso llegó a angustiarme, porque aprender otro instrumento desde cero era un emprendimiento arduo. A esa edad, en Francia ya estás al límite de la vejez; pero por suerte en América los límites están corridos respecto a Europa. Gracias a los sueños me pasé al piano; fue una elección completamente interior.


-Tenía facilidad al principio o le costó?


Todo me costó. Uno siempre busca su propio horizonte, y este se desplaza a medida que uno avanza, entonces alcanzar lo que no tenemos significa un esfuerzo. Dejando de lado el talento, del cual no voy a hablar porque son los demás los que tienen que juzgarlo, lo que puedo decir es que tuve que trabajar mucho, en todo momento.


-Pero le gustan los desafíos. Así llegó al jazz?


Al jazz llegué a los 13 años, de la mano de una pareja de suizos que vivieron muchos años en Uruguay. Cuando iba a comer a su casa, durante el postre ponían jazz y ahí descubrí a Miles Davis, John Coltrane, Hermeto Pascoal, Herbie Hancock y un montón de artistas que me influenciaron por el resto de mi vida.


-Desde tan joven le atrapó el género?


La primera semana no entendí nada. Era como escuchar hablar a un grupo de polacos. De un momento para otro, como si me hubieran dado la llave maestra, me convertí en un polaco y empecé a comprender. Lo que me resultaba difícil se volvió natural, bello y muy rico. Cuando la entendí, sentí un gran placer por esa música.


-Las dificultades para entenderla impiden que sea masiva?


El mundo experimenta hoy una gran pereza, porque nos dan la información abreviada y simplificada. El jazz es una música compleja, producto de gente que ha profundizado durante años en el género; entonces al que oye también se le exige ese nivel de profundidad. Por eso lo escucha una minoría; y ahora más que nunca, ya que la música está atravesando un gran declive. Hasta los años ochenta fue extremadamente rica y profunda; el pop y el rock eran honestos. El pop de hoy es extremadamente simple y está basado en la imagen, todo pasa por los videos. La gente tiene hasta pereza de escuchar por eso ahora, además, necesita ver. El 90 por ciento de lo que se escucha en la radio es una gran porquería. Hay una anestesia general, la gente quiere pensar cada vez menos y divertirse cada vez más.


-Cómo se manifiesta esa anestesia en la música?


Existe la música que proviene de una alegría o un dolor genuinos y está la que viene de una postura. Los Beatles tienen canciones simples, con cuatro o cinco acordes, que provienen de un momento vivo, de una emoción. Otros compositores que prefiero no nombrar me parecen muy superficiales y vacíos con esos mismos cuatro o cinco acordes.


-No tiene usted un costado musical popular?


Tuve una época, a los 12 años, que escuché mucho melódico internacional. Tenía un cassette que se llamaba Romantic Compilation; pero es música que ya no me llama. No escucho nada a escondidas, aunque sería muy divertido un músico clásico que oyera ese estilo sin que nadie lo viera. De todas maneras no sé si existirá un fanático de Miles Davis y a la vez admirador del Puma Rodríguez.


-Entonces ni le pregunto por la cumbia?


Tengo entendido que hay una cumbia buena y una mala. No he explorado mucho, pero me dijeron que en algunos lugares de Centroamérica es genuina, autóctona y producto de un sentimiento honesto, y no comercial. Lo mismo sucede con el reggaetón. Así que estoy abierto a que puedan gustarme.


-Qué le gusta?


La música clásica; nunca me cansaré de Bach. Me gusta Brad Mehldau, un pianista que está muy de moda. Además, sigo a Radiohead, Massive Attack, Charles Aznavour y Albert Cohen. Cuando la música es sincera, me gusta.


-Dicen que para ser buen bailarín hay que tener una base de clásico. Lo mismo sucede con la música?


Hay grandes músicos de jazz que nunca tocaron una nota de clásico. Sin embargo, creo que es aconsejable. En todo caso, mi formación clásica me ha dado una comprensión de la música innegable. Se trata de nuestra fuente: antes no existía otra cosa, ni siquiera había diferencias entre generaciones o estratos sociales, todos escuchaban música clásica.


-Mira Cantando por un Sueño?


Lo miré alguna vez. Me parece terrible porque destroza la vida de las personas, les hace creer que las cosas son de un día para el otro y que se pueden conseguir sin ningún tipo de esfuerzo. Además, toman como referencia ese momento que para ellos fue muy importante, pero que al final se vuelve decadente porque es lo más lejos que han llegado. Luego finalmente se convierte en un recuerdo. Lo que les sucede es producto de una conspiración externa más que de un trabajo interno de la música. Y es terrible porque las personas se lo creen.


-No cree que les dan una oportunidad a personas que nunca tuvieron un espacio para mostrar su talento?


La meta no es tener un espacio para mostrar las cosas sino poder concentrarse en algo y desarrollarlo. Toda la vida prefiero que no me conozca nadie y hacer la música que me gusta a que me conozca todo el mundo haciendo algo que me parece horrible. Esos son mis valores. El problema de esta gente es que les hacen soñar sueños falsos. Me parece bastante engañfFoso.


-Jamás hubiera participado entonces, ni en sus comienzos.


No, porque si estoy donde estoy es porque en ningún momento hubiera aceptado participar de un programa así. Muchos de mis compañeros músicos o la gente a la que admiro estuvieron años y años, a veces pasando situaciones muy difíciles, para desarrollar algo en la música. Eso sí es un sueño. Es un alpinista que ve el Aconcagua y piensa que realmente va a llegar a la cima. En estos programas te agarran en un helicóptero y te ponen arriba del Aconcagua. Lloras, te emocionas y a las pocas semanas te bajan y te dejan en el olvido. Otra cosa es dedicarse a subir montañas por amor a la montaña o al alpinismo. Ese es mi camino.


-Aunque nunca logre un reconocimiento popular?


Me gustaría que mi música pudiera llegar a la mayor cantidad de personas posible. Si uno cree que es bello lo que hace, es natural querer que se expanda por el mundo. El filósofo George Berkeley decía que las cosas no existen si no hay alguien que las percibe. Lo mismo pasa con la música, pasa a existir cuando es escuchaba. Soy consciente de que nunca voy a llenar estadios; me gustaría, claro que sí, pero de ningún modo es el objetivo. El fin es la belleza de la música.


-En qué va a terminar la música si continúa en ese declive?


Yo creo que en un momento va a colapsar y vamos a volver a buscarnos a nosotros mismos. Todo está yendo hacia una dirección que a la larga va a producir una explosión. En las artes se va a volver a algo más profundo, pero para eso tendremos que pasar una crisis, y ojalá llegue pronto.



30.5.2012


Bajo el sol de Fattoruso


Rodrigo Pahlen se presenta hoy en el teatro Solís.

Tan uruguayo como cosmopolita, es un nombre conocido en el ambiente del jazz-fusión y de la música instrumental contemporánea, y es un acompañante frecuente de varias de las principales figuras del ambiente.


Pero tambié n es un compositor versátil que vuelve hoy al teatro Solís para presentar su propia música, acompañado por el guitarrista Amit Chatterjee y el percusionista Mino Cinelu, y con la presencia como invitados de Nicolás Correa y Federico Righi en batería y bajo, respectivamente. Sobre este retorno a Montevideo, la música uruguaya y el presente de la música seria en el mundo hablamos con Rodrigo Pahlen.


-Cuánto hace que no estabas en Montevideo?


-Hace cinco años que estaba fuera de Uruguay. Nací en Suiza -viví 12 años allá durante el exilio-, después volví hasta los 20 años, cuando me fui a estudiar música a un conservatorio en Francia. Luego volví y viví siete años más acá. Después me fui a Irlanda un par de años, a Dublín, y ahora hace cuatro años que estoy en Barcelona...


-Entonces tu estadía en Uruguay ha sido más bien breve.


Sí, pero muy intensa, porque fueron los años de la adolescencia y la primera juventud. Cosas que marcan a fuego.


-Tu formación original es más bien clásica o jazzera?


Yo tenía un abuelo que dejó muchas marcas acá en Uruguay -Kurt Pahlen- y por él tengo un lado clásico muy fuerte. Compongo y escribo mucha música clásica. Tengo esa veta y otra más por el lado del jazz, el candombe..., no sé, es un misterio.


-Qué predomina en tus composiciones?


En la parte clásica hay mucho que no es de clásico. La otra tiene mucho de jazz porque siempre he sido pianista de jazz, pero con todas las influencias de hoy, que pasan por el rock, el pop, el candombe... Esa segunda veta es más generosa porque toma de todo. La parte clásica es más unitaria.


-El grupo que presentás ahora es, justamente, de tu lado más ecléctico.


Exacto. Tenemos a Mino Cinelu, un percusionista de las Martinicas al que descubriú Miles Davis en los años 80, después tocó muchos años con Sting, Peter Gabriel, Madonna, con todo el mundo... Tiene una forma de tocar maravillosa, muy sutil, muy fina. Amit Chatterjee, el guitarrista con el que comparto el proyecto, tocó durante diez años con Joe Zawinul en el Zawinul Syndicate. Es un gran guitarrista, pero además un cantante divino... Parece por momentos una deidad india que cantara desde un lugar que no está en la Tierra.


-Son canciones propiamente dichas?


Vamos a hacer un repertorio de ocho composiciones más alguna cosa más libre, alguna sorpresa; cuatro de Amit y cuatro mías. Nos repartimos el repertorio y, a pesar de ser diferentes, las composiciones se llevan bien. Es un show muy basado en la composición, no es que vamos a tocar standards y a improvisar arriba.


-Tocaste con Naná Vasconcelos. Es ya una costumbre de Naná tocar con tecladistas uruguayos?


Claro, tocó con Hugo [Fattoruso] también. Creo que Naná nos tiene mucho cariño; cuando nos conocimos lo primero que hizo fue nombrarme a Hugo; no paraba de decir, casi como un mantra: "Eu adoro ele". Un gran cariño. Creo que Hugo despertó eso en todos, en Chico Buarque, en Milton...


-Te consideras un tecladista de la escuela de él?


Creo que es ineludible su influencia. Es como el sol, no puedes esconderte de él. Para nosotros, músicos uruguayos, aunque uno se sienta muy lejano, de alguna manera siempre hay un rayito de sol que interactúa con uno. En mi caso, puntualmente, yo tomaba dosis de sol abundantes, unos bronceados..., quedaba negro. Es un tecladista maravilloso y muy original. Es un tipo que no estudió en las escuelas norteamericanas. Es una cosa increíble que pasa acá en Uruguay. No sé de dónde sacó todo lo que sacó Hugo. Si gente como Herbie Hancock o Chick Corea lo ven tocar -y ya lo han visto tocar-, se les caen los libros.


-Siempre tuvo esa forma tan particular de usar los sintetizadores con los timbres de brasses (vientos), tal vez porque no había muchos instrumentistas de vientos en Uruguay.


Cierto. Son sonidos que no usa nadie, y me voy a atrever a decir que él es el único que los puede hacer sonar de esa manera. No sé cómo hace. Si me pongo a usar yo esos sonidos no va a sonar bien. Tiene un don para utilizar los sonidos, las texturas. Además de ser un excelso pianista es un gran tecladista, con todo lo que eso implica de búsqueda de registros.


-Vivís mucho tiempo de gira?


Afortunadamente tengo períodos en los que viajo, pero también toco bastante en Barcelona, donde tengo mi sede. Europa tiene la ventaja de que por muy poca guita viajás a cualquier lado. La relación que hay con los pasajes es muy distinta.


-Tengo la sensación de que no es un mal período para el jazz. Cómo lo ves viniendo de afuera?


Para mí ha perdido muchísimo protagonismo a nivel mundial. Hay una invasión masiva de fenómenos, que proceden en mi opinión de Operación triunfo, que dejó una marca muy nociva para la música porque le ha hecho creer a la gente que uno se puede convertir en músico con tres meses de preparación, cuando sabemos que se necesitan años y años de dedicación desinteresada. No por el ego, por la música. Esta democratización del arte es muy compleja; hay una sobreabundancia de información y música. Cualquiera puede subir un video a YouTube y muchas veces es gente que...


-... no debería...


Bueno, eso ya es un juicio moral. No se puede prohibir, pero sí me parece que está bueno buscar la perfección, y eso toma tiempo, años de compromiso. Creo que el jazz ha bajado un poco por esa ola de informacióón. Además, hay un pop muy barato, simple en el peor sentido -porque hay temas de tres acordes que me encantan, que están hechos con corazón-, hay mucha cosa fea en la vuelta. Es todo imagen, imagen, imagen.


-Curiosamente, en Uruguay el jazz -o sus fusiones- ha tenido una difusión bastante intensa en los últimos años. Evidentemente no es la sensación que se tiene allá...


Tengo la impresión de que a la gente le cuesta cada vez más escuchar jazz, que es una música muy difícil. Sin embargo, hay compositores que vienen del jazz y que han sabido adaptar algunos elementos pop. Pat Metheny ha hecho mucho dinero tocando música instrumental, algo que logró porque su música tiene algo pop, algo para las masas. Me parece que hay elementos a tomar de eso y es un poco lo que intento hacer con mi música. No que sea fácil, pero que no tenga solos eternos de los que te hacen bostezar, que haya un sentido de la melodía, que no sea un jeroglífico inescuchable.


-Vos sos más del campo de la composición que del de la improvisación.


Si tengo que elegir me quedo con la composición. Si me obligan... Me parece que la improvisación es maravillosa en su espontaneidad, pero la composición tiene una concentración de conciencia. Tiene un efecto lineal en el tiempo, que se vuelve en algún momento vertical, en una decisión vertical que es producto de un camino lineal, pero en el que te tomaste de pronto seis meses para cristalizarlo. Pero no es producto de la improvisación, es producto de mucho tiempo, de mucha agua que pasó por el río. Eso da algo más profundo que la improvisación.



Entrevista 2007


Un jazzista de espíritu clásico y mente filosófico


Camina bajo la lluvia como si ésta no lo mojase. Sus rulos alados en una media cola, las cejas bien marcadas, los ojos muy oscuros que por momentos se vuelven intimidantes y un acento difícil de definir dejan entrever que Rodrigo González Pahlen, a pesar de vivir en un apartamento en Punta Carretas y saludar a todos los que entran y salen del bar El Tigre como si fueran viejos conocidos, no nació en Uruguay. Su bisabuelo, Richard Pahlen, tocó el piano junto a Gustav Mahler y fue discípulo de Richard Strauss. La tradición la continuó su abuelo Kurt y tiempo más tarde Rodrigo se dio cuenta de que también había heredado la pasión por la música de su familia materna.


Nació en Suiza en 1976 y doce años más tarde su familia se instaló en Montevideo, pero no demoró en volverse a Europa, donde estudió composición y orquestación en el conservatorio Clermont-Ferrand. Lentamente y sin dejar de lado su gusto por la música clásica se fue involucrando en el mundo del jazz, convirtiéndose así en uno de los pianistas uruguayos más importantes de este género.


Con tan sólo 30 años, el destino, sus viajes y también su talento hicieron que compartiera escenario con mú sicos de un talento inigualable como el percusionista Mino Cilenu, que trabajócon Sting y James Taylor (por sólo mencionar a dos); el guitarrista de Paco de Lucía, Hernán Romero; el bajista de Luis Alberto Spinetta, Marcelo Torres. A nivel local ha tocado junto a la Filarmónica de Montevideo, Raúl Jaurena, los tres hermanos Fattoruso, Andrés y Martín lbarburu, y varios más. El próximo 26 de abril se presentará junto a Badal Roy - el músico hindú descubierto en la década de los '60 por Miles Davis que después tocó junto a John Lennon - en la Sala Zitarrosa y dos días má s tarde lo hará en Buenos Aires.


Pero los proyectos en la vida de González Pahlen no llegan solos: próximamente saldrá a la venta "El origen de la realidad", su primer disco solista, y también el sello español New Jazz Mood editará el DVD del concierto realizado en la capital uruguaya en enero de 2005 junto a Romero y Mino Cinelu.


Con un aire que mezcla la mística con la filosofía, González Pahlen contesta sin nunca levantar la voz. Piensa al contestar y le dan un poco de verguenza sus confesiones por temor a ofender a alguien o a que se piense que es un delirante; lo cierto es que resulta de lo ms cuerdo y razonable.


-Dada la influencia musical de su familia, alguna vez pensó en dedicarse a otra cosa?


Nunca me plantee dedicarme a nada, salvo cuando apareció en la adolescencia la gran pregunta de qué hacer. Siempre la música estuvo, se me hizo más claro cuando el mundo espera que te dediques a algo y ganes plata con ello. Más allá de eso, yo me arriesgué.


-Tiene recuerdos de su abuelo tocando?


Sí, por supuesto. Me acuerdo de verlo dirigir también, Además, mi abuelo fue una figura que siempre se cotejó con músicos muy importantes dentro de la música clásica del siglo XX, entonces era muy común verlo con personalidades como Zubin Mehta y me daba cuenta de que algo pasaba.


-En un principio eligió la guitarra como su instrumento. Cómo fue que decidió empezar a tocar piano?


Recién me pasé al piano a los 15. Esos poco delirante lo pacte voy a contar pero yo tenía pesadillas recurrentes en donde yo tocaba el piano, pero cuando me levantaba no podía hacerlo porque no sabía. Un día tuve un sueño en el cual yo tocaba con la Filarmónica de Montevideo, era veterano, entonces lo interpreté como algo que iba a pasar dentro de un tiempo. Finalmente sucedió y a lo largo de mi vida he soñado cosas que luego se cumplieron.


-Usted nació en Suiza y su abuelo y bisabuelo eran músicos muy reconocidos en Austria. De qué manera ese contexto lo ayudó en su carrera?


El haber nacido en Suiza no sé si me ayudó propiamente dicho, sí me hizo lo que soy yo. Ese hecho hace que yo tenga otro mundo dentro de mí totalmente diferente porque es otro planeta. Cuando me vine a vivir a Uruguay a los 12 años hubo una ruptura, un quiebre, porque algo murió y también algo nació. Me siento muy afortunado de haber venido para acá porque Suiza me parece un país chato y aburrido, las personas tienen un espíritu viejo. En cambio acá creo que está todo por hacerse, amo el Uruguay. Es increíble pero todo el mundo me pregunta: "¿qué hacés acá?". Y yo contesto que vivo, lo disfruto. De todas maneras necesito bocanadas de aire y por eso viajo mucho.


-Pese a tener una influencia de música clásica decidió volcarse más hacia el jazz. Por qué ?


Me considero un jazzísta con espíritu clásico y no al revés, además mi formación es fundamentalmente jazzistica. Si bien la música que me hace sentir cosas maravillosas está relacionada con la clásica, considero que el jazz está más vivo. La música clásica pasa acotar viva sólo cuando sos un creador, si sos un tipo que interpreta podes llegar a no pasar de ser más que un autómata que sólo toca lo que lee. En cambio el jazz te permite improvisar y para hacerlo tenés que tener conocimiento, eso es lo que me gusta.


-Cuándo fue que decidiú radicarse en Francia y comenzar a ir al Conservatorio Clermont-Ferrand?


En realidad, no terminé el bachillerato, hice hasta cuarto porque siempre tuve una gran dificultad con la autoridad. Siempre me costó encontrar gente que yo autorizara para que me enseñara cosas, lo cual es un defecto, no una virtud. Eso hizo que siempre tuviera problemas en el colegio y el liceo. También lo que sucedió fue que me enamoré de una francesa y me fui atrás de ella. Recién instalado allá decidí ponerme a estudiar.


-Por qué optó por volver a Uruguay cuando había logrado tocar en el Festival de Música Medieval, considerado uno de los más importantes de Europa?


La verdad es que a pesar de que había un camino posible allá opté por volverme porque extrañaba horrible. La gente, las casas, el idioma, extrañaba hasta las baldosas sueltas. También quería encontrarme a má mismo y tratar de poder hacer algo yo acá.


-En su obra "Conversaciones con Schopenhauer", que fue interpretada junto a la Filarmónica y al bandoneonista Raúl Jaurena, la música refleja tres estados como son la voluntad, la contemplación y la impermanencia. Siempre compone en base a imágenes o a estados?


Siempre tengo imágenes cuando compongo, a veces pueden ser extremadamente concretas y otras mucho más abstractas. Por ejemplo, en una obra que hice hace poco había una parte en la cual me imaginaba en las nubes. Son imágenes muy vívidas y que me hacen sentir muy libre.


-Cómo es el proceso por el cual compone su obra?


Só lo compongo por necesidad. Está muy relacionado con lo erótico y más para un hombre. Para mí es lo más parecido a una erección, no se puede desear, es algo que surge por un feeling. No quiero sonar como el pornógrafo de Montevideo pero es un buen ejemplo.


-Usted es una persona muy mística y con un interés muy filosófico, no por casualidad una de sus obras se llama "Conversaciones con Schopenhauer" y su próximo disco "El origen de la realidad".


Es muy difícil vivir sin una explicación, cuando te das cuenta de que podría haber una, también es muy difícil. Hay una parte de mi vida que es tratar de entender de qué se trata, creo que si lo lograra dormiría más tranquilo.


-Cómo describiría musicalmente a "El origen de la realidad"?


-Es un disco que tiene muchos invitados: Rúbeo Rada, Martín y Andrés lbarburu, los hermanos Fattoruso, la Filarmónica, Raúl Jaurena, y muchos más. Al tener tantos invitados el trabajo es una gran mezcla porque tiene desde candombe pasando por el tango hasta el jazz.


-Siempre se ha rodeado de músicos muy conocidos y que han trabajado con grandes figuras como Miles Davis, Sting, Paco de Lucía, Luis Alberto Spinetta. A qué se debe?


La primera razón es que estos músicos tocan de una manera increíble; además, si logro que el los me apoyen y accedan a tocar conmigo eso va a jugar en favor de mi arte. Considero que tengo mucha suerte porque todos me dieron la chance de poder trabajar con ellos. Lo increíble es que sois proyectos míos en los cuales estos músicos participan, están haciendo mi música.


-Su trabajo fue muy halagado por la crítica argen tina luego de participar en los festivales de jazz de Lapataia. Considera que eso lo ayudó a ingresar al mercado argentino?


Creo que no, coses algo que sólo los periodistas recuerdan. Al común de las personas si no las bombardeas tienen una memoria muy corta. Tampoco fueron tantos artículos como para generar una demanda, lo que sí me permitió es la alianza con músicos conocidos que es una de las mejores maneras para ingresar en un mundo, con sus representantes.


-Qué le falta a la escena de jazz local?


Está el jazz americano que es el swing y después está el más contemporáneo que admite diferentes formas de fusión. Eso hace que ciertas personas de acá se destaquen afuera como es el caso de los Fattoruso, porque llevan consigo e incorporan en su música nuestras raíces. El problema del jazzista uruguayo en general es cuando intenta tocar como los americanos, son muy pocos los que tocan ese jazz bien. Creo que acá no hay que envidiarle nada a nadie y que hay que incluir nuestra identidad en la música, eso es lo que le da un valor agregado.


PIA SUPERVIELLE. FOTOS: CARLOS PAZOS


Entrevista 2007


Fusión e improvisación en el Solís


El candombe, la música india y el jazz son algunos de los ritmos que se combinan en la propuesta del Amit Chatterjee, Rodrigo Pahlen y Mino Cinelu Group, que actuará hoy en el Teatro Solís. "Es música construida desde el corazón", destacó Pahlen.


El Amit Chatterjee, Rodrigo Pahlen y Mino Cinelu Group se presentará hoy desde las 20.30 horas en el Teatro Solís con una propuesta musical que promete una variada mixtura de géneros.


El show se apoya en unas ocho creaciones de los instrumentistas, que se van alternando a lo largo de la actuación, y en la voz de Amit Chatterjee. De esta forma, las tonalidades sonoras pasan por el tango, la milonga, el jazz, el candombe, los ritmos indios y hasta la música clásica. Además hay un importante margen para la improvisación.


El grupo está constituido por músicos de dilatada trayectoria. El indio Amit Chatterjee fue guitarrista de Carlos Santana, Swing, Zawinul Syndicate, Richard Bona y Victor Bailey, entre otros.


Por su parte, el percusionista francés Mino Cinelu ha trabajado con Miles Davis, Sting, Stevie Wonder, Lou Reed, Weather Report, Herbie Hancock, Antonio Carlos Jobim, entre otros. Finalmente, el pianista uruguayo Rodrigo Pahlen ha actuado junto a Hugo Fatoruso, Paquito de Rivera, Nana Vasconcelos y Raúl Jaurena. Participó del proyecto Orquestango junto a la Orquesta Filarmónica de Montevideo y tiene un disco en vivo junto al percusionista indio Badal Roy.


En el recital de hoy estarán además como invitados especiales Nicolás Correa en batería y Federico Righi en bajo. Pahlen explicó a LA REPUBLICA que el "gusto por la composición" fue lo que unió a los integrantes en el proyecto.


Desde el punto de vista del artista, el espectáculo se compone de "músicas de fácil digestión" con "muy bellas melodías y sin soloseternos"."Tiene algo de banda sonora de película, es música construida desde el corazón, tiene mucho sentimiento", señaló.


Que un Sr francés y un indio estén en un grupo que toca candombe puede llamar un tanto la atención, pero Pahlen destacú que el ritmo fascina" a sus compañeros. El fue el encargado de darle a conocer a Chatterjee el estilo, mientras que Cinelu ya tenía referencias.


Las localidades para el recital tienen precios que van desde $340 hasta $700 y pueden adquirirse en Red UTS y en la boletería del Teatro Solís.



Entrevista 2007


Tanguistorias jazzisticas


RAUL JAURENA Y RODRIGO PAHLEN ESTRENAN CON LA FILARMONICA MONTEVIDEANA


Dos generaciones estarán presentes en el concierto de esta noche de la Filarmónica. En efecto, a partir de las 20 horas en el Solís, Raúl Jaurena (bandoneón) y Rodrigo Pahlen (piano) se presentarán en una doble vertiente como instrumentistas y compositores en un programa que incluye Conversaciones con Schopenhauer de Pahlen (estreno mundial), New York Gotan de Raúl Jaurena (estreno mundial); Concierto para bandoneón y orquesta, Francanapa, y Buenos Aires Hora cero de Astor Piazzolla. La dirección orquestal estará a cargo de Federico García Vigil.


Se escuchará en primer término Conversaciones con Schopenhauer que es una obra en tres movimientos, para bandoneón, piano concertante y orquesta. Los tres movimientos según señala su compositor, Rodrigo Pahlen, se diferencian bastante, el segundo movimiento es un adagio y tiene influencias de distintas corrientes. El bandoneón le da una cosa tenguera pero también tiene algunos elementos que hacen recordar a Pat Metheny en cuanto a cómo se mueven las voces de la orquesta. "Yo a veces le veo algo de Manuel de Falla en alguna parte" dice Pahlen. "Es una obra modal, tonal, pero que a su vez no es tan previsible. Creo que apunta al sentimiento".


Parece que los compositores más recientes han retornado a la tonalidad a despecho de los experimemos del siglo XX y en ese sentido Conversaciones parece no escapar a la nueva regla. En ese sentido Rodrigo Pahlen afirmó: "Lo que está pasando hoy es que a muchos compositores pos Schoenberg de tanto investigar y experimentar se les adelantó la mente al corazón. Como consecuencia nos encontramos escuchando unas músicas que no nos hacen sentir. Yo creo que se llegó a un punto en que ya no se puede ir más lejos de la parte teórica, de las combinatorias. En Schoenberg, todo está bien con todo. Ahora se está volviendo al lirismo".


Raúl Jaurena hace 35 años que está fuera del país. Una sólida y consagratoria carrera lo ha llevado a actuar en las salas más importantes y con las orquestas más conceptuadas, sin embargo, tanto brillo no parece encandilarlo. Ama su música y cualquier ocasión es buena para disfrutar tocando.


REQUIEM. Su obra se llama New York Gotan. Y según lo indica la compuso cuando recién llegó a Manhattan "...era muy pequeña -duraba tan solo siete minutos- la obra tenía partes de tango y partes jazzísticas, pensé que era una forma de acercar a los músicos de allá". Luego de la caída de las Torres Gemelas surgió la idea de realizar un réquiem para la ciudad de New York y Jaurena entonces pensó en "agrandar- esa música e hizo un concierto en tres partes. "En la primera parte aparecen el tango y el jazz de New York-. La segunda parte es muy profunda. es 'un réquiem por la gente que murió y la tercera parte empieza como con música al estilo Broadway y luego va alternando entre tango y jazz, hasta que llegamos al final con improvisaciones en la trompeta y el bandoneón que conversan entre sí".


-Cada vez que se presentan obras con reminiscencias tangueras siempre se alude a Piazzolla, sienten que esa influencia está presente?


-(Pahlen) Es difícil Muchas veces hablar de la música de uno, pero yo creo que en particular en esta obra hay elementos europeos, no es una música "apiazzoliada". Es difícil cuando uno compone tango no imitar a Piazzolla, No es tan fácil cuando se hace a propósito. Creo que es algo que debe nacer espontáneamente. Yo igual como tengo un pie metido en el jazz, habida cuenta de los proyectos con Milo Cilenu, con Villavicencio en Buenos Aires con quien estamos armando un disco para el que invité formalmente a Raúl y con Marcelo Torres, estoy más libre al estar trabajando con otras músicas. De todos modos cuando uno usa los mismos instrumentos, es probable que escriba parecido. Entonces lo que se diferencia son las ideas musicales, no los colores ni las texturas. Lo distinto está entonces en lo que uno dice.